Mala palabra ser gordo

septiembre - 15 - 2016

Las palabras nos definen, podemos crear puentes con el buen uso de las palabras o ser agresivos con el uso descontextualizado de ciertos conceptos. Ser gordo no es malo, usar esa palabra como adjetivo descalificativo sí.

En ocasiones solemos toparnos con vendedores de ropa que nos ayudan a hundirnos en una profunda depresión, pero de repente en el camino aparecen los que marcan la diferencia, los que te ayudan a brillar y eso es muy bueno…

Cuando dejamos de creer en nuestro poder, habilitamos a que entren los monstruos a nuestro mundo, por ello la importancia de valorar y cuidar nuestra esencia.

Asumir y aceptar quienes somos es integrar todo lo que somos, cuerpo, mente y alma desde el respeto y el amor, no hacerlo implica seguir permitiendo que modelos externos dirijan nuestra vida.

Ser mujer y ser gorda es un desafío en una sociedad que siguen marcando ideales ficticios que perjudican la verdadera esencia de lo femenino.

En la transformación de paradigmas que vive nuestra sociedad sobre los cuerpos, ser gorda es visto, por ciertos sectores, como una ofensa y una culpa que quienes detentan deben cargar. La lucha es desde la aceptación y desde el entender que los derechos deben igualar nuestras diferencias.

Es una vergüenza que en esta sociedad aún se perpetúe el concepto de que para bajar de peso es necesario atravesar el hambre. Hay que tener claro que, en el mundo actual, el hambre es una tragedia y por ende es una blasfema que se use como dieta.

Coronate Reina

diciembre - 2 - 2015

Nadie te pone en el lugar que mereces si no decidís antes vos qué lugar querés ocupar. Volverse protagonista de la propia vida quizás es el mayor desafío que podemos tener desde pequeños, pero vale la pena cultivar a los hijos desde el lugar en donde el amor hacia uno mismo es prioridad.

Cuando alimentarse se vuelve un acto culposo nos encontramos ante una situación compleja. Asociar los alimentos que nos dan vida como sinónimos de lo malo nos habla de un trasfondo de poco amor.

La diversidad está inmersa en nuestra naturaleza, es impensado asegurar que hay un ser igual a otro. Precisamente lo que nos caracteriza en este mundo es que somos distintos y desde allí es donde crece una comunidad que se puede jactar de llamarse sana.