abril - 7 - 2019

Creo que la maternidad siempre me dio cierto miedo porque temía a ciertos momentos, a ciertas circunstancias que sé que podían suceder.

Mi miedo tenía y tiene que ver con que mi hija atraviese experiencias que yo ya caminé y que no fueron buenas, básicamente me da pánico que mi hija sufra por su cuerpo porque otros le digan algo feo y ella lo asuma.

Por ello desde que nació le hablo mucho sobre ella, sobre su valor, su magia, sobre la belleza y el respeto hacia sí misma y los demás, básicamente para que crezca sintiéndose en perfección con el universo que la trajo a este lugar.

Cuando uno ha sufrido el maltrato, cuando se ha sentido a corta edad que algo en uno no está bien, básicamente busca que su entorno no tenga ciertas vivencias, pero es una realidad que no podemos controlar todo y menos lo que sucede en esta sociedad tan atravesada por la violencia, el dolor y la falta de amor.

Hace unos días manejaba volviendo a casa y de repente Emma me cuenta que un compañerito le dijo “gorda”, no puedo negar que en ese momento todas las alarmas de mi cuerpo y sentir se pusieron en alerta, sin embargo quise que la charla, que ella estaba iniciando, siguiera en la normalidad establecida. 

En ese momento le expresé que “gorda” era una palabra, no una mala palabra, nuevamente le hablé de la belleza de todos los cuerpos, sin embargo sin dar vueltas y con una literalidad que me hirió un poco más el corazón dijo “Me dijo gorda mal” y ahí me enfrenté al espejo de mis monstruos que tocaban a quien más amaba.

Quizás muchos pueden pensar o decir lo típico “son cosas de chicos”, yo no creo que sea una nimiedad porque un niño que utiliza, como forma de molestar a un compañero, la palabra “gorda” es que en su ambiente escucha y vive eso.

Ahí le conté a Emma por primera vez mis experiencias de dolor frente al insulto de “gorda” que me proferían cuando tenía unos pocos años más que ella.

Le expliqué que jamás debía usar como insulto la palabra gorda, ni aceptar que alguien se lo manifestara, que no era nada malo ser gorda y que ella debía amar su cuerpo sea como sea.

Dejé que todo fluyera con naturalidad y así como llegó ese relato, continuamos charlando mientras el sol caía y dentro mío sentía que mi miedo más grande había sido batallado y yo desde la calma y el profundo amor le sembré a Emma un nuevo concepto para que ella lo contagie a los demás que hay que respetar todos los cuerpos, amarlos y sobre todo entender que somos diferentes y eso es maravilloso.

No uses la palabra GORDA o GORDO como insulto, menospreciando, con ironía, ofendiendo, destruyendo a otra persona, tus palabras construyen la realidad y tus hijos e hijas te están escuchando…

 

Laura A. Pereyra – Yo La Más Gorda de Todas

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