septiembre - 2 - 2018

Hace un tiempo atrás estaba en el médico esperando que llegara mi turno cuando de un consultorio salieron dos mujeres gitanas.

Debo ser sincera, me costó sacarles la mirada, una de ellas más grande y la otra joven, estaban ataviadas con las vestimentas propias de su comunidad, polleras largas, holgadas, coloridas, sus pelos trenzados bonitamente.

Yo no las miraba porque eran gitanas, las observaba con cierta envidia, porque desde su lugar tan genuino eran hipnóticas.

Sus narices grandes sin cirugía, sus pechos voluptuosos con esa caída tan natural, sus caderas anchas, sus panzas, su porte, eran tan ellas, tan mujeres, se podía olfatear su esencia femenina, esa bien auténtica, sabia, sin armaduras, fuerte…

Yo veía mujeres poderosas, que caminaban desparramando bendiciones, no pidiendo permiso, sinceras en su andar, sin estereotiparse, ni querer parecerse a nadie. 

Me llamaron la atención estas mujeres por eso, porque estaban maquilladas resaltando su costado más gitano, porque no intentaban adaptarse, eran ellas, orgullosas, mujeres que no pedían permiso para ser, eran mujeres vida, sin complejos, mujeres para dejarse arrullar y escuchar su canto, sus historias, para pintarlas en cuerpo y alma…

Cada día se habla más de derechos, de conseguir espacios, de respeto,  las mujeres libramos batallas que ni siquiera deberían existir, seguimos pidiendo lo que nos corresponde como derecho, pero saben qué, hay mujeres que están en las orillas, que no pelean, que se imponen por carácter, por presencia, por hacer lo que quieren y no porque estén en lugares de mayor poder, sea cual sea éste, sino porque han entendido que lo importante es seguir su esencia, el instinto, esa sabiduría milenaria que traemos en nuestros genes de polvo de estrellas…

Y en esta sociedad en que las mujeres viven enfrentadas, sobre todo con la imagen que les dan sus espejos y luego con las madres y hermanas de la vida, hay otras que marcan la diferencia, que pisan la calle sin temores, que andan como quieren, que no se encasillan, que nos responden a mandatos, ni son fieles a legados, son mujeres para muchos invisibles y sin embargo manejan un poder y energía para poner sus vidas donde quieren, y los derechos los tienen naturalizados…

Me gusta ver a las mujeres que brillan, por ese inexplicable poder que manifiestan cuando son genuinas, lejanas a todo lo que el sistema impone, cercanas a lo que eligen por amor, por elección, por convicción interna…

Amo ser mujer, amo tener una hija mujer, amo a las mujeres de mi vida y amo encontrarme en el camino con esas mujeres inspiradoras que abrazan el existir como si fuera el último aliento…

 Imagen: Isabelle Feliu https://www.isabellefeliu.com/

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