mayo - 27 - 2016

“Lo más aterrador es aceptarse uno mismo por completo.” – CG Jung

Pensaba en esta frase mientras hacía eco en mi cabeza y en la fuerza de este pensamiento, porque en muchas ocasiones optamos por acomodarnos en el lugar de víctimas, de sentirnos mal, de renegar y no transformar nada a asumir que al aceptarnos en completitud podemos vivir con una integridad que pone en comunión todas nuestras partes.

Me refiero que todos tenemos cuestiones de nuestro exterior e interior que nos gustan, que por lo general mostramos a los demás como nuestra mejor carta de presentación, pero hay otros aspectos que escondemos, ocultamos, negamos y por supuesto son a los que menos amor ponemos. Son una carga, un cuestionamiento a la naturaleza, a la divinidad, a lo que nos hicieron, nos enojamos en muchas ocasiones y desearíamos haber sido diferentes, porque la realidad es que transitar con “la carga” no es tan fácil. tess2

Y a uno le aterra aceptarse porque piensa que al hacerlo no hay posibilidad de transformación, como si uno dijera `mi vida de ahora en más será asumir “la carga”´ y eso vuelve más pesado todo, como si uno llevara el cartel de “Acepto mi lado oscuro, por ende soy un fracaso”.
Por el contrario cuando se produce este verdadero proceso de aceptación, que está directamente asociado a poner amor a todos los aspectos de tu vida es cuando “la carga” se suelta, deja de pesar, uno olvida lo fea que era y empieza a descubrir que eso es parte de un todo que a uno lo puede hacer brillar, que precisamente ese costado que no mostramos y que tanto nos cuesta compartir con los demás puede ser el que más nos ayude a iluminar a quiénes somos.

Nos aterra aceptarnos porque al hacerlo podemos adquirir un poder que desconocemos de nosotros mismos, porque eso nos saca de la zona de confort de la queja, de atribuir nuestra falta de decisión de ser quiénes verdaderamente queremos ser, amarse con locura, con aceptación, con respeto a cada centímetro de nuestro cuerpo exterior e interior es una forma de rebelarse contra el sistema que ha normalizado la insatisfacción como modo de vida.

Amarse es la forma más sana de aprender a ser feliz, porque cuando estamos conformes con quienes somos podemos crecer hacia nuevos sueños, hacia la esencia que corre por nuestras venas, podemos potenciar a límites inexplorados todo lo que somos, dejamos de preocuparnos de la mirada del otro y desde nuestra acción también educamos, porque podemos ser la clara muestra de que si nos aceptamos con toda nuestra bendita y maravillosa “carga” cualquier otra persona también puede abrazarse desde el amor…
Como siempre digo… Me Amo, Te amo…
Yo la Más Gorda de Todas
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Un comentario hasta ahora.

  1. Pauli dice:

    Hola, tengo 16 y estoy en esa edad que la mayoría de las personas llaman “complicada”, porque nuestra inseguridad y necesidad de que nos acepten es muy alta, aunque yo creo que esto no solo sucede en la adolescencia. Creo que es algo que nos pasa a todos la mayoría del tiempo. Tengo muchos defectos e intento convencerme de que los acepto y que puedo vivir con ellos, aunque en el fondo se que me molestan. Tengo miedo de no poder aprender a quererme y aceptarme. Se que si yo no aprendo a quererme y amarme por lo que soy, nadie va a poder hacerlo, o por lo menos no de una forma tan especial como espero algun dia hacerlo yo misma. No me gusta que hagan las cosas por mi. Quiero quererme, mirarme al espejo y sonreír, estar orgullosa de mi misma, no por mis logros, sino por todo lo que soy. Quiero quererme pero no se por donde empezar. Tengo miedo que si no me quiero a tiempo, nadie va hacerlo. Me voy a quedar sola, porque a pesar de estar rodeada por gente que me aprecie, me va a faltar la compañía y el apoyo mas importante en esta vida… el mio.

    pd. No dejes de escribir, me gustan tus notas 🙂

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