octubre - 2 - 2015

La diversidad está inmersa en nuestra naturaleza, es impensado asegurar que hay un ser igual a otro. Precisamente lo que nos caracteriza en este mundo es que somos distintos y desde allí es donde crece una comunidad que se puede jactar de llamarse sana. Sin embargo y a pesar de que la obviedad es que somos diversos, la sociedad en donde nos movemos nos ha hecho creer que encasillarnos en determinados modelos es lo que se llama normalidad y nada más “saludable” que ser parte de ese concepto.

Y si hablamos de cuerpos, la normalidad tiene medidas, con un rango de movilidad, pero ojo de no salirse del mismo porque puede ser “peligroso” para la propia integridad del individuo y acá no hablamos de cuestiones sanitarias, me refiero a la mirada cruel con que nos han domesticado,  porque siempre tenemos algo para decir del otro y de nosotros mismos, con quienes somos absolutamente despiadados, porque la insatisfacción es el estado en el que vivimos.

La medida impuesta de ser “normales”, léase flacos,12015547_10206234976688366_1063033476_o (1) es tan exigente, que ni siquiera quienes integran este grupo de personas favorecidas por la genética o los rezos divinos, están conformes. Siempre se busca ser un poquito más flaco, quienes caen en enfermedades como la bulimia o anorexia se ven gordos aún cuando su flacura sólo refleja huesos y ser gordo en este mundo es mucho más que tener exceso de grasa corporal. Ser gordo es ser feo, es ser vago, es ser un glotón, es ser un indisciplinado del sistema y por ende la mirada castigadora cae con toda su fuerza sobre estos cuerpos rebeldes que sólo merecen la burla, el insulto y por supuesto la exclusión de la belleza, la puerta grande por la que la sociedad habilita a los seres a ingresar al concepto de éxito y por ende se está adaptado a la misma.

La diversidad es lo natural, pero la verdad es que nos asusta no estar encasillados, estereotipados, nos da tranquilidad no ser vistos, no brillar por esa marca personal, por ese lunar, por esa altura, por esa pancita, lo triste es que hemos naturalizado la vergüenza antes que el orgullo de ser quienes somos, y esa es la acción que debemos desterrar de nuestras vidas, básicamente para ser verdaderamente felices con quienes somos y respetuosos con lo que son los otros, porque ser únicos es nuestra mejor huella de identidad y nos para en un lugar en el mundo.

Hablar de diversidad de los cuerpos debe ser el prólogo de la aceptación de los mismos, debe implicar la acción de asumir con respeto y orgullo cada una de nuestras formas, no para conformarnos, sino para empoderarnos, porque la realidad es que nadie te mira si antes no te observaste desde el afecto, nadie te cuida si antes no fuiste cariñoso con vos mismo y nadie te acepta si antes no te amaste con locura y pasión…

Feliz Día del Respeto de los Cuerpos Diversos – 2 de Octubre –

Yo la Más Gorda de Todas

Nota publicada en Revista La Otra 

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