abril - 30 - 2011

Nuestras sociedades han priorizado el bienestar del hombre, la tecnología ha avanzado, las comodidades se han vuelto accesibles a todos los individuos. Sillones cada vez más mullidos esperan a nuestros ansiosos cuerpos por relax, transportes que evitan que caminemos grandes distancias nos permiten acceder rápidamente a distintos lugares, espacios laborales que nos sitúan alrededor de un escritorio, enalteciendo el sedentarismo. Todo parece resolverse detrás de una computadora, las personas hablan más por las redes sociales de lo que interactúan cara a cara, total las distancias parecen desaparecer con un ordenador en frente y ya no es necesario caminar un par de cuadras para ver a la amiga, comprar comida se resuelve con un delivery y el concepto de lo casero quedó dentro de los viejos libros de cocina que nos legó nuestra abuela.

Los ambientes obesogénicos, de acuerdo a la Psicóloga Lara Durand, Miembro de la Sociedad Psicoanalítica de México*  “son aquellos que promueven la obesidad”, o sea que la vida sedentaria está ganando espacios sobre la vida activa de los individuos y por ende se considera que este tipo de ambientes ayudan a propagar la obesidad como la predisposición genética o las conductas individuales de cada persona sobre la comida o hacer o no actividad física.

Estos ambientes obesogénicos, caracterizados por la gran cantidad de comodidades en los hogares y lugares de trabajo, que suman puntos para que la vida cotidiana se vuelva más sedentaria, más la gran cantidad de alimentos que cuentan con altos niveles energéticos que se muestran atractivos para el consumo humano generan una combinación preocupante para las personas que se exponen a grandes factores de riesgo y está comprobado que a causa de esta situación la obesidad crece a niveles impensados a nivel mundial.

Por su parte la industria alimentaria, con sus masivas campañas publicitarias no asume su responsabilidad social y los efectos nocivos que causan con gran cantidad de productos domésticos con altos niveles calóricos, absolutamente procesados, para que ni siquiera tengamos que renegar con el proceso de masticación, generan un marco poco saludable para las personas que poco piensan en lo que comen, sino que sucumben a la propuesta indecente de satisfacer la ansiedad antes que comer realmente alimentos sanos y buenos para los organismos.

Según lo manifestado por la Psicóloga Lara Durand, “la mayoría de las investigaciones sobre la relación que guarda la alimentación con la obesidad han demostrado que a mayor grado de procesamiento y a mayor uso de alimentos transgénicos, mayor es la incidencia de esta enfermedad. Y siendo estas compañías las que controlan la mayor parte de la producción agropecuaria, las pequeñas compañías que procuran elaborar alimentos orgánicos realmente más sanos tienen costos tan elevados que sus productos son, generalmente, demasiado caros para la mayoría de la población”.

La transformación de esta situación no es fácil, menos aún podemos esperar cambios de un día para el otro en un mundo donde la comida es centro de atención de tantos y esto no sólo se circunscribe a quienes padecemos obesidad, sino a toda la sociedad en su conjunto, que también es la que cree que el bienestar pasa, por la cabeza de muchos, de estar en sus casas sin moverse frente a la play o la computadora y de acciones cada vez más inoperantes del cuerpo.

Creo que es momento de repensarnos, de ver qué comunidad es la que estamos construyendo, qué responsabilidad tenemos con nuestras propias vidas, qué hacemos para estar mejor y qué concepto de bienestar hemos incorporado para creer que en post de cierta comodidad de vida, precisamente desmejoramos silenciosamente nuestro acontecer por esta tierra.

Yo la Más Gorda de Todas

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*http://www.vivirsinobesidad.org/blog/ambiente-obesogenico/

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